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EL INFIERNO 

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Por medio del equilibrio entre el Cielo y el Infierno, el hombre tiene libertad

597. Arriba se ha tratado del equilibrio entre el cielo y el infierno, y se ha demostrado que este equilibrio es un equilibrio entre el bien que es del cielo y el mal que es del infierno, así pues que es un equilibrio espiritual que en su esencia es libertad. La razón por la cual el equilibrio espiritual en su esencia es libertad es porque tiene lugar entre el bien y el mal, y entre la verdad y la falsedad y estas son espirituales, por lo cual el poder querer el bien o el mal, y pensar la verdad o el error, y preferir lo uno a lo otro, es la libertad de la cual se trata. Esta libertad es dada a cada hombre por el Señor y nunca le es quitada. En virtud de su origen es por cierto del Señor y no del hombre; puesto que viene del Señor, pero, sin embargo, es dada con la vida como don al hombre y como propiedad suya, y esto al objeto de que el hombre pueda reformarse y salvarse, porque sin libertad no hay reformación ni salvación; cual quiera puede por un poco de intuición racional comprender que es por su libre albedrío que el hombre piensa malo o bien, sincera o hipócritamente, recta ó no rectamente, y que asimismo puede hablar y obrar el bien, sinceramente y rectamente, pero no el mal, hipócritamente y perversamente, por las leyes espirituales, morales y civiles, mediante las cuales su exterior es mantenido dentro de límites; por esto es claro que el espíritu del hombre, que es el que piensa y quiere, es libre; no así el exterior del hombre, que habla y obra, a menos de que esto se hace en conformidad con las leyes arriba mencionadas.

598. Que el hombre no puede ser reformado si no se halla en libertad es porque nace en todas clases de males; los cuales, sin embargo, han de ser apartadas, antes de que pueda ser salvado, y no pueden ser apartados si no las ve en sí, reconociéndolos y luego desechándolos, llegando al fin a aborrecerlos; esto no puede verificarse si el hombre no está igualmente y en el bien y en el mal, porque por el bien puede ver los males, pero por el mal no puede ver los bienes. Los bienes espirituales que puede pensar el hombre los aprende desde la niñez por lectura del Verbo y por predicaciones, pero los bienes morales y civiles por la vida en el mundo; esto es la primera razón por la cual el hombre ha de estar en libertad. La segunda es que nada es apropiado por el hombre si no es apropiado por la inclinación que pertenece al amor; de otra manera puede seguramente introducirse pero no más allá del pensamiento; no en la voluntad, y lo que no entra hasta dentro de la voluntad del hombre no llega a ser suyo porque el pensamiento saca lo suyo de la memoria, pero la voluntad, por la vida misma. Nada es jamás libre si no viene de la voluntad; o lo que es lo mismo, de la inclinación que es del amor, porque todo cuanto el hombre quiere o ama esto hace con libertad. De ahí viene que la libertad del hombre y la inclinación que pertenece a su amor, son una misma cosa. Por esto la libertad es dada al hombre también, a fin de que pueda ser afectado por la verdad y por el bien, o amar estos, pudiendo ellos por consiguiente llegar a ser aparentemente propiedad suya. En una palabra, todo cuanto no entra con libertad en el hombre no permanece en él, puesto que no pertenece a su amor o a su voluntad, y las cosas que no pertenecen al amor o a la voluntad del hombre no pertenecen a su espíritu, porque el ser del espíritu del hombre es amor o voluntad; digo “amor o voluntad” porque lo que el hombre ama, esto quiere. He aquí la razón porque el hombre no puede ser reformado sino en libertad. Más detalles acerca de la libertad del hombre pueden verse en “Arcana Coelestia” en los lugares indicados al pie.

599 A fin de que el hombre se halle en libertad, al objeto de poder ser reformado es, con respecto a su espíritu, unido al cielo y al infierno. Con cada hombre hay espíritus del infierno y ángeles del cielo. Mediante los espíritus del infierno se halla el hombre en su mal, pero mediante los ángeles del cielo se halla en el bien por el Señor, así pues en equilibrio espiritual, esto es en libertad; que todo hombre tiene junto a sí ángeles del cielo y espíritus del infierno, puede verse en el artículo de la conjunción del cielo con el género humano (n. 291-302).

600. Hay que saber que la conjunción del hombre con el cielo y con el infierno no tiene lugar directamente con estos, sino mediatamente por conducto de espíritus que están en el mundo de los espíritus; estos espíritus están junto al hombre pero ninguno del infierno ni del cielo mismo; por medio de los espíritus malos en el mundo de los espíritus se halla el hombre unido al infierno, y por conducto de los buenos espíritus que están allí, con el cielo; por ser así se halla el mundo de los espíritus en el medio entre el cielo y el infierno, y allí está en equilibrio mismo. Que el mundo de los espíritus está en el medio entre el cielo y el infierno, puede verse en el artículo del mundo de los espíritus (n. 421-431), y que allí está el mismo equilibrio entre el cielo y el infierno puede verse en el artículo próximo pasado (n. 589-596), De esto se ve ahora claro de donde el hombre tiene la libertad.

601. Algo se dirá todavía con respecto a los espíritus que son unidos al hombre. Toda una sociedad puede allí tener comunicación con otra sociedad, y también con alguna otra persona, donde quiera que esté, mediante un espíritu enviado, por ella. Este espíritu se llama conductor (sujeto) de varios. El caso es el mismo con la conjunción del hombre con las sociedades en el cielo y con las sociedades en el infierno por conducto de espíritus del mundo de los espíritus unidos al hombre. Acerca de esto se puede también ver en "Arcana Coelestia" en los lugares indicados al pie.

602. Finalmente referiré algo acerca de lo implantado, que viene del influjo del cielo en el hombre, referente a su vida después de la muerte. Hubo ciertos individuos de la gente sencilla, quienes en el mundo habían vivido en el bien; estos fueron introducidos en un estado igual al estado en que se habían hallado en el mundo; esto puede verificarse con todo espíritu, cuando el Señor lo concede — y entonces se vio cuales conceptos habían tenido del estado del hombre después de la muerte. Dijeron que hombres entendidos en el mundo les habían preguntado lo que pensaban con respecto a su alma después de la vida en el mundo. Dijeron que no sabían lo que era el alma. Les preguntaron luego lo que pensaban de su estado después de la muerte; dijeron que creían que vivirían como espíritus. Entonces les preguntaron que idea tenían del espíritu. Dijeron que es hombre. Preguntaron como sabían esto. Dijeron que lo sabían porque es así. Estos entendidos se asombraban de que los sencillos tenían tal creencia y no ellos mismos. Por esto resultó claro que en todo hombre que se halla en conjunción con el cielo, hay idea implantada con respecto a su vida después de la muerte; esta idea implantada no viene por otra cosa que por el influjo del cielo, es decir, que viene del Señor mediante el cielo, por conducto de los espíritus que del mundo de los espíritus se hallan unidos a los hombres, y cuyo influjo (nótese bien) tiene lugar en aquellos en quienes la libertad del pensamiento no ha sido extinguida por principios adoptados y mediante varias cosas confirmados, referentes al alma del hombre, la cual dicen es el mero pensamiento o bien algún elemento animado, cuyo lugar en el cuerpo buscan, cuando sin embargo el alma es ni más ni menos que la vida del hombre. El espíritu es el verdadero hombre, y el cuerpo terrestre, del cual se halla revestido en el mundo, no es más que una ayuda, mediante el cual el espíritu, que es el verdadero hombre, obra convenientemente en el mundo natural.

603. Lo que en esta obra se ha dicho acerca del cielo, del mundo de los espíritus y del infierno permanecerá en oscuridad para aquellos que no sienten gozo por conocer verdades espirituales, pero en claridad para los que sienten este gozo. Mayormente para los que se hallan en la inclinación a la verdad por amor a la verdad, esto es, que aman la verdad por ser verdad, porque todo cuanto se ama entra con luz en el concepto de la mente, sobre todo la Verdad cuando se ama, puesto que toda verdad se halla en luz.

El fin de la obra.

El capítulo previo[62] §§ 589—596 El equilibrio entre el Cielo y el Infierno